La interminable espera de dos años llegó a su fin y el Club América volvió a pisar el césped de su histórico hogar: el Estadio Azteca. Este regreso monumental no podía darse en un escenario de mayor tensión, disputando el Clásico Joven frente a Cruz Azul mientras el equipo arrastra una mala racha que pone en serio peligro su pase a la Liguilla.
La urgencia por sumar obligó al cuerpo técnico a sacudir la pizarra. Con el orgullo herido y la presión al límite, André Jardine apostó por una joya de casa para despertar a la ofensiva. Justo cuando la grada más lo pedía, la redonda encontró a un sorpresivo protagonista que encendió al Coloso de Santa Úrsula desde el arranque.
Pato Salas adelantó al América con un potente cabezazo
Tras el fallido experimento de utilizar a la “Pantera” Zúñiga como eje de ataque, el estratega confió ciegamente en Patricio Salas. El juvenil ya mostraba grandes destellos asociativos, pero el americanismo le exigía goles de peso. Su momento de gloria llegó al minuto 17, destrozando por completo el cerrojo del rival.
La jugada se gestó por la pradera derecha con el sello de la casa. Alejandro Zendejas enganchó hacia el centro y dibujó un servicio milimétrico de zurda; ahí, “Pato” Salas leyó a la perfección el movimiento, anticipó a la defensiva celeste y metió un frentazo implacable que venció el desesperado lance de Andrés Gudiño.
Este tanto, el primero del canterano en el Clausura 2026, es un tanque de oxígeno puro para una plantilla asfixiada por las críticas. Salas levanta la mano como la solución ofensiva que Jardine necesitaba urgentemente, demostrando que la mística azulcrema pesa y que las fuerzas básicas siempre dan la cara.
