El 11 titular que André Jardine presentó ante Santos Laguna provocó que más de un aficionado azulcrema se llevara las manos a la cabeza en un gesto de total incredulidad. Tras dos semanas de pausa por la actividad de selecciones, se esperaba un equipo aceitado y con las ideas claras; sin embargo, lo que se vio en la cancha fue un conjunto de piezas mal acomodadas que desataron la furia en el Nido.
La confusión no fue para menos, pues el estratega brasileño sorprendió con movimientos que rayaron en lo inexplicable, dejando a futbolistas clave fuera de su zona natural. La tensión creció conforme pasaban los minutos, mientras la grada y las redes sociales se preguntaban qué diablos se trabajó en Coapa durante la Fecha FIFA, viendo cómo un partido que debía ser un trámite se convertía en un laboratorio de ensayos fallidos.
¿Experimento o desesperación? Los movimientos que nadie entendió en el Nido
La adición más extraña en el esquema titular fue la de Miguel Vázquez. El joven canterano, que es un defensa central por naturaleza, fue habilitado de forma improvisada como lateral izquierdo, una posición que le quedó enorme. Sin aporte ofensivo y visiblemente incómodo en una zona que no le pertenece, Vázquez se convirtió en el reflejo de una defensa que, lejos de dar seguridad, parecía estar jugando a las adivinanzas por orden de su propio técnico.
Por si fuera poco, la delantera también fue blanco de críticas feroces. Jardine decidió banquear al canterano Patricio Salas para darle la titularidad a José Raúl “La Pantera” Zúñiga, un movimiento que resultó catastrófico en las estadísticas. En 67 minutos de juego, el colombiano no fue capaz de realizar ni un solo disparo a portería, desapareciendo por completo del encuentro y dejando al ataque americanista totalmente huérfano de peligro real.
La realidad golpeó fuerte cuando Salas ingresó de cambio; en apenas 23 minutos, el juvenil mostró más hambre y logró disparar al arco, evidenciando el error de juicio del cuerpo técnico. Estos cambios sin sentido han dejado una herida abierta en la confianza de la afición, que ya cuestiona seriamente si el ciclo de Jardine ha perdido la brújula. Si tras dos semanas de trabajo el resultado es un equipo confundido, el panorama para el cierre del torneo luce más oscuro que nunca.
