El Club América dejó escapar al menos el empate frente al Atlas en la última jornada, un resultado que habría mantenido a nuestras Águilas seguras en el sexto lugar de la tabla general. Sin embargo, la inesperada y dolorosa derrota ante los Zorros ha hecho caer al equipo hasta el octavo puesto. Con este tropiezo, el destino está sellado: enfrentaremos al líder de la fase regular, Pumas, en los Cuartos de Final del Clausura 2026, un rival de altísima exigencia que ya logró vencernos durante el torneo regular.
La frustración es enorme, ya que la escuadra azulcrema lo tuvo todo para llevarse el encuentro. El equipo salió con una intensidad abrumadora y la clara intención de amarrar la victoria. La oportunidad más importante de todo el partido llegó apenas al minuto 23 en los pies del brasileño Raphael Veiga. Lamentablemente, el mediocampista falló su cobro desde el manchón penal, un grave error que a la postre le costó el triunfo al América y la posibilidad de pelear por el título desde una mejor posición.
La reacción de André Jardine al penal fallado de Raphael Veiga
Todo se derrumbó de manera trágica en ese fatídico minuto 23. Alejandro Zendejas, quien saltó al terreno de juego portando el gafete de capitán del América, le cedió el balón y la máxima responsabilidad del penalti a Raphael Veiga. El jugador brasileño firmó una muy mala ejecución desde los once pasos, cobrando sin la fuerza ni la colocación necesarias para asegurar el primer tanto del encuentro.
Esta displicencia permitió al arquero del Atlas, Camilo Vargas, atajar el esférico sin siquiera tener que moverse del centro de su portería. Fue un error garrafal y sumamente costoso que ahogó el grito de gol en la tribuna y terminó por arrebatarle cualquier posibilidad de victoria a las Águilas, cambiando por completo el rumbo del partido a favor de los tapatíos.
Desde el área técnica, la reacción de André Jardine no pudo pasar desapercibida tras presenciar la ejecución. El estratega inmediatamente se dio la media vuelta, se cruzó de brazos y, lleno de impotencia, dejó caer su botella de agua contra el césped. Con ese evidente gesto de molestia, el técnico intentaba digerir cómo el fallo monumental de un futbolista que él mismo trajo como refuerzo le había costado una mejor clasificación a su equipo, obligándolos a entrar a la Liguilla como el último lugar de los ocho clasificados.
